CARHARTT: la evolución de un ícono



Nació hace más de un siglo como una marca que confeccionaba ropa para trabajadores ferroviarios. Para los 90s, era una favorita entre los raperos y los skaters. Muchas cosas pasaron en el largo camino que ha recorrido Carhartt hasta convertirse en una marca ícono del streetwear bajo su división WIP, pero su éxito sigue radicando en tres cosas: la calidad de su confección, la durabilidad de sus materiales y la comodidad que ofrecen sus calces holgados. Carhartt no es una tendencia, es un clásico atemporal.








La marca fue fundada por Hamilton Carhartt en Michigan, en 1889, con la idea de fabricar ropa para la clase trabajadora. Eran tiempos de humo, vapor y acero. Aunque en los inicios el negocio no prosperó, su fundador no desistió y decidió acercarse a obreros ferroviarios para averiguar qué buscaban ellos a la hora de elegir en qué invertir su dinero para uso diario. Así, bajo el lema “valor honesto por un dólar honesto”, lanzó su primer overall, hecho con denim y lona. Por su resistencia y funcionalidad, pronto las prendas Carhartt se fueron convirtiendo en el estándar de calidad para la ropa de trabajo.




Para 1910, aquel pequeño taller con dos máquinas de coser se había convertido en una empresa con plantas en varias ciudades de los Estados Unidos y poco a poco, empezó a ampliar su rango de productos, fabricando camisas, pantalones y zapatos. Incluso, durante la primera Guerra Mundial, la marca debió poner a disposición del gobierno algunas de sus fábricas confeccionando uniformes para los soldados. Fue en este periodo también que se creó una de las chaquetas más icónicas de la marca, la “chore coat”, hecha originalmente para trabajadores técnicos y vigente aún hoy.



La Gran Depresión de 1929 tuvo su impacto y casi hace que Carhartt llegue a su fin, pero logró sobrevivir. Sus prendas robustas de algodón denso y triple costura continuaban siendo útiles para la agonizante vida laboral y en tiempos tumultuosos, la marca supo pronunciarse a favor de los derechos de los trabajadores y -tras la muerte de Hamilton Carhartt, cuando su hijo Wylie tomó el control- dando inicio al programa “Back to the Land”, que abrió centros de operaciones en la zona rural de Kentucky, creando puestos de trabajo lejos de la vida de las ciudades industriales. Allí fue cuando su gama de productos se pudo expandir aún más para satisfacer las necesidades de los granjeros, leñadores y cazadores.

Ya en los 70s, durante la construcción del oleoducto Trans-Alaska, la marca recibió gigantescas órdenes de sus productos para aquellos trabajadores y, probando que su confección soportaba las condiciones climáticas más terribles, terminó de consolidarse como símbolo de la Norteamérica industrial. Sus productos comenzaron a venderse en tiendas masivas como Sears y J.C. Penney. Se dice que Ralph Lauren es el padre del estilo americano en la moda, pero él solo lo volvió elegante. Primero fue Carhartt.

Durante los 80s, algo pasó. Según cuenta la historia, hacia fines de la década, durante la epidemia del crack, la marca se empezó a popularizar entre los traficantes de drogas que pasaban el invierno en las calles. No hacía falta ser un trabajador de cuello azul para saber apreciar el valor de la ropa abrigada y resistente. De a poco, fue captando adeptos dentro del hip hop. Tupac, Dr. Dre, Nas… Todos empezaron a usar Carhartt. El sello Tommy Boy Records compró 800 chaquetas y las customizó con su logo en el pecho, entregándolas como producto promocional a distintos “influenciadores” de la época. Así fue como una Duck Detroit apareció en el video de “Jump Around” de House of Pain, quizás uno de los momentos más determinantes en la historia de cómo la marca pasó a convertirse en un fenómeno subcultural.


Fue a inicios de los 90s que nació Carhartt WIP (Work In Progress), bajo la iniciativa de los suizos Edwin y Salome Faeh de manufacturar y distribuir la marca en Europa y, posteriormente, Asia. Para el ‘94, WIP tenía completo control de qué tipo de prendas podía producir y vender, y terminó adaptando el estilo de Carhartt, empujado entonces por los raperos, al gusto europeo. (Mientras tanto, en Estados Unidos en ese mismo año, el fundador de Stüssy, ya consolidada como marca skater, se asociaba a James Jebbia para abrir su primera tienda flagship en Nueva York. La llamaron Supreme).


Una cosa que hizo la división WIP fue reducir el calce de la ropa. Aunque se mantuvieron oversize, no se comparan a lo anchas que eran. Jon Caramanica, reconocido periodista de música estadounidense, recordó alguna vez escribiendo sobre Carhartt para el New York Times el nivel de voluminosidad que tenían: “Ahora soy más grande de lo que era en la secundaria, y la chaqueta que usaba en esa época aún me queda dos o tres tallas más grande”. También ampliaron el abanico de prendas, agregando unas 15 más. Skaters y grafiteros comenzaron a usar Carhartt también. En el ‘95, la marca apareció en la película La Haine, que retrata la vida en los suburbios de París con sus problemáticas sociales. Uno de los personajes, Hubert, andaba con un beanie Carhartt. Y su popularidad explotó en Francia. “No fue algo armado, era la realidad. Era lo que se usaba en las calles, no un disfraz, por eso es tan icónico”, ha contado el editor Michel Lebugle, quien lanzó el libro The Carhartt WIP Archives. “Siempre digo que Carhartt no eligió ser parte de la cultura, sino que la cultura eligió a Carhartt”. Por aquellos años, la marca también llegó a Vogue. Mario Testino incluyó un cortavientos en una de sus editoriales.




Hoy Rihanna usa sus beanies. Kanye West usa sus chaquetas. Bella Hadid, Kaia Gerber, Harry Styles… Incluso Barack Obama supo vestir la marca durante un tiempo. Sus colaboraciones con Nike, Patta, A.P.C, PACCBET y tantos más han ayudado a mantener a la marca vigente, pero la verdad es que Carhartt no necesita ser novedad. Ya es un clásico para varias generaciones.